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27 de agosto de 2008

¡Sin celular!




Me dejé olvidado el celular (móvil) en el trabajo. Me di cuenta de que lo había dejado olvidado cuando ya había salido del edificio. Volver significaba sacar las llaves de nuevo, volver a subir las escaleras, y por sobretodo, implicaba la posibilidad de perder el bus y esperar por medio hora hasta el próximo.

Opté por dejar el móvil en el trabajo. Pensé, ¿para qué lo puedo necesitar con urgencia?

- ¿Por si alguien me llama? Me respondí, casi nadie me llama, y si me necesitan, me pueden llamar a casa o me contactan por messenger... La única llamada urgente que podía recibir, ya la recibí, así que no espero nada más. De cualquier forma, quedará registrada en el móvil si hubiera alguna llamada....

-¿Para la alarma? Siempre puedo poner el radiodespertador y obligarme a levantarme sólo con eso.

-¿Para ver la hora? ¿Para qué, para no perder el bus? Me dije, si salgo con tiempo, no necesito estar pendiente de la hora, ya controlo cuánto tardo en ir y venir al autobús... Y fue una súper grata sensación la de caminar sin reloj, sin prisa, sin la presión de mirar el celular para ver si voy bien o mal para coger el autobús. Cuando ando con el móvil, cada tanto lo saco para ver si voy bien, si tengo que correr, si esto, si lo otro... Mientras que así, fue una sensación de liberta muy grata. De dejarse ir. No sé. Me gustó. ¡Si antes vivíamos tan bien sin móviles!

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